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Distintos lagos del país lo sufren. El Lago Nahuel Huapi en Bariloche como el Lago San Roque en Villa Carlos Paz son muestras de la autodestrucción y la inoperancia.
Lagos argentinos contaminados
06/01/2019

Lagos argentinos contaminados

Los vecinos se movilizan tímidamente en las calles y en las redes. Las autoridades no se hacen responsables. Minimizan los impactos ambientales y preparan el próximo vertido.

A la situación del Lago Nahuel Huapi tenemos que sumarle el informe que trascendió recientemente sobre uno de los lagos más importantes del país.

Se trata del Lago San Roque que suministra de agua a la ciudad de Córdoba y es un atractivo turístico muy importante para la ciudad de Villa Carlos Paz. Desde hace mucho tiempo sus aguas están oscuras y saturadas por las algas que se reproducen a causa de los desechos cloacales que se vuelcan en él.

Un informe realizado por el Laboratorio de Biorremediación Municipal de Carlos Paz reveló que más de ocho mil toneladas de materia fecal se arrojan anualmente al lago San Roque. 22 toneladas de desechos se arrojan por día al espejo que baña las costas de Carlos Paz y varias localidades del Valle de Punilla y que constituye una de las postales más emblemáticas de esa región de Córdoba.

¿Qué nos está pasando? ¿Cómo frenar esta autodestrucción? ¿Se trata solo de obras de infraestructura? Podemos seguir abriendo interrogantes similares. Es alarmante y desesperante  que por un lado la dirigencia política y por otro los encargados de las áreas involucradas sigan tratando estos temas con tanta liviandad.

Algunos creíamos que los progresos tecnológicos iban a resolver estos desafíos ambientales. Quizá Hervé Kempf, periodista francés del diario Le Monde tenga razón. En su libro “Cómo los ricos destruyen el planeta” expresa que “las elites dirigentes son incultas. Aunque formadas en economía, ingeniería o política, con frecuencia son ignorantes en ciencias y carecen, casi siempre, de la más mínima noción de ecología”. En el libro antes citado el autor hace un llamado de alerta en dos sentidos: a los ecologistas para que reflexionen sobre lo social. Y a los que reflexionan sobre lo social para que tomen conciencia de la gravedad de la crisis ecológica.

Los lagos argentinos contaminados con materia fecal hacen que dejemos de lado cualquier diferencia de enfoque para advertir la urgencia.

De Bariloche a Córdoba cambian los nombres de los responsables, de los entes, de las cooperativas y de los dirigentes, pero la situación es la misma y el cinismo parece no tener límites.  Los lagos sí lo tienen y cada vez están más deteriorados. Son finitos aunque algunos insondables, se agotan, se intoxican y son sensibles.

Cultura y basura son hermanas siamesas de nuestra realidad. La realidad nos demuestra que cada año la contaminación va aumentando en cantidad y peligrosidad. Nos hemos convertido en lo que el filósofo Luis Ernesto Sabini Fernandez llama la sociedad “basurífera”.

Según Fernandez “sí la cultura es todo lo que nos queda después de haberlo olvidado todo; los cursos, los datos, la educación que recibimos. Analógicamente podemos decir que la basura es “todo” lo que nos queda después de haberlo consumido todo”.

Está claro qué tipo de basura estamos dejando y en que nos estamos convirtiendo.

Mirando al lago de Bariloche o al de Villa Carlos Paz volvemos a abrir un último interrogante:

¿Hasta cuándo?

 

 

 

Lucas Zeni

 

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