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Investigadores liderados por integrantes del CONICET descubrieron los restos en la Patagonia.
Despejan incógnitas sobre la evolución de las serpientes modernas con el hallazgo de un cráneo de 95 millones de años
24/11/2019

Despejan incógnitas sobre la evolución de las serpientes modernas con el hallazgo de un cráneo de 95 millones de años

Un grupo de investigadores liderado por integrantes del CONICET halló cráneos y esqueletos con patas de serpientes del género Najash provenientes de rocas del Cretácico Superior, es decir, de aproximadamente 95 millones de años de antigüedad. El descubrimiento, que acaba de publicarse en la revista Science Advances, permite echar luz sobre polémicas que existían desde hacía tiempo en la comunidad científica respecto a los cambios anatómicos que tuvieron las serpientes hasta llegar a ser como son actualmente, ya que, hasta el momento, existían pocos fósiles tan completos y bien preservados que permitieran estudiar su evolución.

Los nuevos fósiles fueron hallados a partir del año 2013 en varias localidades dentro del Área Paleontológica de La Buitrera en Río Negro, que antaño fue una extensa zona desértica de dunas de arena, con parches de lagos efímeros. En esta área suelen encontrarse restos de pequeños y medianos animales del período Cretácico –mamíferos, lagartijas, cocodrilos-, y ya se habían hallado restos importantes de serpientes, aunque pocos materiales del cráneo. “Hasta el momento se habían estudiado vértebras, cintura,  miembros posteriores y partes de la mandíbula, pero los ejemplares con cráneo eran muy escasos. Como son huesos muy delicados, difícilmente se preservan, por lo que prácticamente no se tenía hasta ahora un cráneo articulado de esta época como el que encontramos, que nos permitiera estudiar e interpretar la anatomía de una serpiente fósil en tanto detalle”, explica Fernando Garberoglio, becario doctoral del CONICET, de la Fundación de Historia Natural Félix de Azara y primer autor del paper.

El hallazgo de este cráneo–que fue reconstruido por los investigadores casi de manera completa en base a técnicas de tomografía computada, a partir del que lograron un modelo del cráneo en 3D- permitió a los científicos develar otras incógnitas que permanecían en debate alrededor del origen de las serpientes y las transformaciones que dieron lugar a como son hoy.

“Con estos fósiles pudimos despejar, por ejemplo, que hubo un linaje de serpientes antiguas, que hoy en día están extintas, que habitaron los continentes del hemisferio sur, en la zona conocida como Gondwana”, apunta Garberoglio al respecto, y precisa que “eran serpientes terrestres, de cuerpo y de boca grande y con miembros posteriores bastante desarrollados, que comparten un ancestro común con las serpientes modernas, lo cual nos indica que las mismas no provienen de formas de cuerpo y boca pequeña y hábitos subterráneos como se suponía, sino que el ancestro común era de este tipo. Además, pudimos inferir que las serpientes mantuvieron los miembros posteriores durante un período de tiempo bastante extenso, en una etapa previa al origen de los grupos modernos, que si bien retienen algunos vestigios de los miembros posteriores, la mayoría ya no los tiene. Esto demuestra que el tiempo en el que las serpientes retuvieron los miembros posteriores no fue solo una fase intermedia como se creía”.

Y continúa: “Lo que nos informan estos fósiles y los análisis evolutivos que realizamos a partir de ellos es que aparentemente los miembros anteriores se perdieron tempranamente en la historia evolutiva de las serpientes, mientras que los miembros posteriores se mantuvieron durante un tiempo considerable hasta que se redujeron drásticamente en una etapa cercana al origen de las formas modernas”.

Para finalizar, Garberoglio detalló que “también existía un debate sobre si las serpientes tienen o no tienen el hueso yugal, que es un hueso que se ubica por debajo del ojo en los lagartos, formando el pómulo. Justamente, con este fósil pudimos demostrar que el yugal efectivamente está presente en las serpientes. Aunque generalmente los lagartos lo tienen mucho más desarrollado, en el cráneo de esta serpiente fósil podemos observar que el yugal está presente y casi en el mismo grado, mientras que las serpientes actuales lo tienen pero mucho más reducido”.

 

Fuente CONICET

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