PREVISIONES METEOROLÓGICAS

La nieve acumulada y los cambios de temperatura que preocupan hacia la primavera

El meteorólogo y licenciado en Oceanografía Matías De Oto analizó el comportamiento de la nieve, las temperaturas y el agua acumulada en la montaña. Advirtió sobre posibles crecidas rápidas y movimientos de ladera cuando lleguen períodos más cálidos.
lunes 14 de septiembre de 2026

El comportamiento de la nieve acumulada en la montaña, los cambios bruscos de temperatura y el posible impacto de una primavera con períodos más cálidos fueron algunos de los temas analizados este lunes por el meteorólogo y licenciado en Oceanografía Matías De Oto, en el programa Ideas Circulares.

Más allá del pronóstico inmediato, De Oto puso el foco en las condiciones que se están acumulando en la montaña y en cómo podrían evolucionar durante las próximas semanas. En ese sentido, señaló que todavía existe una importante cobertura de nieve, producto de las precipitaciones registradas durante julio y agosto.

Lee también: Primavera anticipada: arranca una semana con máximas en ascenso en Bariloche

Según explicó, septiembre tiene una media histórica cercana a los 50 milímetros de precipitación, mientras que hasta el momento se acumularon alrededor de 10 u 11 milímetros en el aeropuerto, tomado como referencia. Al mismo tiempo, las temperaturas se vienen comportando más cerca de los registros habituales de agosto que de los propios de septiembre.

Todavía tenemos abundante nieve en la montaña”, señaló De Oto, al remarcar que gran parte de las precipitaciones de julio y agosto se produjo en forma de nieve en los sectores medios de la cordillera.

El meteorólogo estimó que existe un potencial de alrededor de 500 milímetros de agua acumulada en la nieve de las montañas, una reserva que puede convertirse en un factor relevante cuando comiencen a instalarse períodos de temperaturas más elevadas.

El punto de atención, explicó, aparece cuando una etapa de temperaturas relativamente frías es seguida por picos importantes de calor. En esas circunstancias puede producirse un deshielo más rápido y concentrado.

Cuando se vengan los picos de calor vos tenés abundante cobertura en nieve en la montaña para derretirse”, explicó. Por eso consideró factible que, hacia finales de la primavera, puedan registrarse crecidas repentinas de arroyos y ríos, especialmente ante períodos de calor significativo.

“Es como un aviso a todo lo que son las estructuras y la parte de los ríos”, planteó De Oto, al señalar que se trata de un potencial que merece atención anticipada.

En ese contexto, también recomendó aprovechar los períodos de tiempo estable para realizar tareas preventivas. “Aprovechar, emparejar calles, no vaya a ser cosa que después aparezca un río atmosférico y destruya. Aprovechar para pasar la máquina a las calles, ir mejorando las zanjas”, sostuvo.

La recomendación, aclaró, alcanza tanto a las tareas de mantenimiento urbano como a las particulares que cada vecino pueda realizar en su vivienda. La idea es llegar mejor preparados a una eventual etapa de mayores precipitaciones.

De Oto también llamó la atención sobre otro fenómeno menos visible: el efecto que producen los cambios térmicos sobre las laderas de montaña.

Explicó que en las caras norte de las montañas pueden observarse sectores donde el agua se infiltra entre las rocas. Los sucesivos ciclos de congelamiento y descongelamiento pueden generar modificaciones en esas estructuras, incluso sin que necesariamente se produzcan grandes precipitaciones.

El hielo es lo más abrasivo que hay en la montaña”, afirmó. En ese sentido, explicó que cuando el agua se congela aumenta aproximadamente un 10% su volumen, generando presión dentro de las grietas de las rocas.

El proceso puede repetirse con los cambios de temperatura: el agua se congela, se expande y luego vuelve a descongelarse con el aumento de temperatura y la exposición al sol. De Oto describió este mecanismo como una especie de “sistema de bombeo” entre las rocas, capaz de favorecer procesos de desgaste y movimientos en las laderas.

Por eso, consideró que esta época del año merece especial atención. “Esta es como la época en donde no hace falta que caigan precipitaciones teniendo en cuenta este efecto”, explicó, al referirse al impacto que pueden tener los ciclos de congelamiento y descongelamiento sobre la montaña.

El especialista también recordó que la región atraviesa condiciones asociadas al fenómeno de El Niño, por lo que las variables pueden modificarse rápidamente. “No nos olvidemos, estamos en Niño, así que las condiciones pueden cambiar drásticamente en pocos días”, advirtió.

En cuanto al corto plazo, De Oto anticipó un cambio de circulación para los próximos días, aunque sin poner el foco allí, ya que el interés principal está puesto en la evolución posterior. También destacó la posibilidad de jornadas con amplitud térmica elevada, con temperaturas que pueden cambiar considerablemente entre distintos sectores y momentos del día.

Para este lunes, explicó que la presencia de una marcada inversión térmica genera temperaturas más bajas en los primeros niveles de la atmósfera, mientras que en sectores de montaña se registran valores varios grados superiores a los del nivel del lago. Con el ingreso del viento durante la tarde, esa situación tenderá a mezclarse y las temperaturas podrían acercarse a los 15 grados, en lo que sería el registro más alto desde mayo.

Pero el dato meteorológico inmediato queda, en su análisis, como una ventana para prepararse.

Tenemos una semana para hacer cositas”, resumió De Oto al referirse a la posibilidad de realizar tareas de mantenimiento antes de una eventual activación de las precipitaciones provenientes del Pacífico.

(Bariloche Opina)

Temas de esta nota
¿Qué te genera esta noticia?