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A sólo 5 kilómetros del centro de San Carlos de Bariloche, coronado por la única confitería giratoria de América Latina y con una de mejores vistas panorámicas de la ciudad y sus alrededores, ofrece al visitante diversión, gastronomía y gran una oferta cultural.
Diversión, cultura y gastronomía desde las alturas del cerro Otto
05/07/2014

Diversión, cultura y gastronomía desde las alturas del cerro Otto

Las cabinas se suceden unas a otras cada 30 segundos en la base del tradicional cerro, ubicado en la intersección de las avenidas de los Pioneros y Sara Mara Furman, y llevan a los turistas arribados de todo el mundo -unos 1.500 por día en temporada alta- hasta la cumbre, a más de 1.200 metros de altura.

Los 12 minutos que dura el trayecto permiten ir adivinando el magnífico paisaje de lengas, lagos y montañas que se van observando a través de las cabinas dispuestas con comodidad para cuatro personas.

Tras llegar a destino, los visitantes primero quedan impresionados con la imponente confitería giratoria -que se puede ver, por supuesto, desde varios puntos de la ciudad de San Carlos de Bariloche-, pero las sorpresas no terminan en esa tradicional estructura.

Una vez dentro, el turista se encuentra con una original muestra cultural, única en su concepto, dedicada íntegramente al genial artista florentino, Miguel Ángel Buonarroti, con la réplica de sus más famosas esculturas en tamaño natural.

"En su comienzo, cuando Boris Furman fundó este lugar, quiso darle una oportunidad a la gente que no podía viajar a Italia para apreciar estas obras de arte he hizo construir en Florencia una réplica en tamaño natural -80% en mármol y 20% en arcilla acrílica- del Moisés, del David y de la Piedad", contó a Télam, Facundo González, del área de Atención al Cliente del Cerro Otto.

"Además -agregó- hay toda una galería con cuadros y dibujos dedicada al eximio artista, lo que genera un contraste por demás interesante: encontrar semejantes obras de arte en un ambiente de montaña".

Además de esta agradable sorpresa para el visitante, desde la terraza del Otto se aprecian las vistan más espectaculares que puede ofrecer la ciudad de Bariloche y sus adyacencias.

El viento frío y la incipiente nevada no son obstáculos para que los turistas -con preeminencia de brasileños a pesar del Mundial que se juega en su país- salgan a la terraza a contemplar las inigualables vistas.

"Desde acá podemos observar, allá abajo, la ruta 40 sur que va hacia la provincia del Chubut; y al fondo la ciudad de Bariloche en toda su extensión, más el cerro Carbón, el cerro Ñireco y el cerro Ventana, llamado así por el agujero que formó la erosión del viento", explicó González.

También, además de los espejos azules del lago Gutierrez, el Nahuel Huapi y el Moreno este y oeste, desde la altura es posible observar las grandes elevaciones del Frei, el Catedral, el Tronador, el Goye, el Lópe, el Campanario y el Bella Vista, que es de mucho menor tamaño.

Por su parte, las actividades que pueden realizar en las instalaciones del cerro Otto son variadas y están preparadas para grandes y chicos; desde el lanzamiento en trineos hasta las caminatas con raquetas a través del bosque de lengas.

"El trineo se hace en una pista de 600 metros y es la favorita de los estudiantes que nos visitan, que una vez que descienden, vuelven a subir por el otro medio de elevación que tenemos, el funicular, que fue inaugurado en 2005 y construido por gente del lugar", explicó González.

Por su parte, las caminatas con raqueta se hacen por entre el bosque de lengas y tiene una duración de 40 minutos, siempre con la compañía de un guía del lugar que va explicando a los visitantes sobre la flora y fauna autóctonas.

Pero el lugar emblemático por excelencia es la confitería giratoria, que con su lento movimiento permite una visión de 360 grados mientras los turistas degustan exquisiteces como ciervo a la cazadora o gulash con especias, todo rociado con exquisitos vinos, aunque también se ofrecen comidas rápidas para aquellos que no gustan de las carnes salvajes.

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