Proyecto Estufas: familias de Bariloche acceden a calefacción segura y económica

El coordinador Albano Geliberti explicó cómo el Proyecto Estufas brinda soluciones comunitarias y sustentables en Bariloche, con un modelo de bajo costo que reduce el consumo de leña, mejora la seguridad en los hogares y ya suma más de 20 instalaciones en distintos barrios.
jueves 11 de septiembre de 2025

El invierno en Bariloche suele ser implacable para cientos de familias que no cuentan con gas natural en sus hogares. Frente a este escenario, nació el Proyecto Estufas, una iniciativa autogestiva que combina solidaridad, eficiencia energética y construcción comunitaria para ofrecer una alternativa de calefacción más segura y económica.

Coordinado por Albano Geliberti desde la organización La Tercera, el programa ya construyó 24 estufas en diferentes barrios de la ciudad y busca expandirse con un nuevo diseño local desarrollado junto a la Fundación Invap.

Geliberti explicó que la propuesta se inspira en la lógica de la estufa rusa, un modelo que llegó al país hace décadas y que fue evolucionando en distintos puntos del país. “Lo que hacemos nosotros es un diseño adaptado a las necesidades de Bariloche, que bautizamos Chuncana Andina, y que ahora estamos mejorando con la Fundación Invar para darle más eficiencia y seguridad. Es un proyecto que nos entusiasma porque responde a problemas reales de los vecinos”, sostuvo.

Una construcción simple, comunitaria y replicable

Las estufas se fabrican con 200 ladrillos comunes, 10 ladrillos refractarios y algunas piezas de herrería. No se trata de una obra compleja ni costosa: en una sola jornada de taller comunitario se puede levantar en la casa de una familia, con la participación de voluntarios y vecinos. El modelo no solo deja una estufa lista para abrigar el hogar, sino que también transmite el conocimiento para que los presentes puedan replicarla en sus casas.

“Nos interesa que la construcción sea una experiencia compartida. Una mamá, un vecino o un joven que se acerque a ayudar no solo colabora en ese momento, también se lleva los planos y el aprendizaje para hacerlo en su propia vivienda. Ese es el espíritu del proyecto: compartir saberes y soluciones”, relató Geliberti.

En la mayoría de los casos, el proyecto se enfoca en madres solteras con hijos, familias en situación de vulnerabilidad y centros comunitarios, donde el impacto es mayor. Además de la construcción, la iniciativa fomenta un sentido de pertenencia y organización en los barrios, fortaleciendo los lazos sociales.

El coordinador destacó tres puntos fundamentales que diferencian a esta estufa de otras soluciones precarias. En primer lugar, reduce el consumo de leña a la mitad respecto de una salamandra, lo que representa un ahorro vital en tiempos donde el precio del metro cúbico alcanza los 60 mil pesos y dura apenas una semana o diez días en una vivienda.

En segundo lugar, el sistema combustiona de manera correcta, evitando la acumulación de humos o gases nocivos dentro de las casas. “Eso es fundamental para la salud de las familias, porque en invierno vemos muchos problemas respiratorios vinculados a la calefacción con artefactos inseguros”, explicó.

El tercer aspecto es la seguridad: la llama nunca toca el tiraje, reduciendo significativamente los riesgos de incendio. En una ciudad como Bariloche, donde los siniestros vinculados al uso de leña son frecuentes, este detalle representa una garantía adicional para quienes habitan en viviendas con poca ventilación o estructuras de madera.

A estos beneficios se suma un aspecto estético y práctico: las estufas cuentan con un banco lateral y una plancha metálica superior que puede utilizarse para cocinar. “En muchas casas nos pasó que la familia reorganizó el espacio en torno a la estufa: el sillón al lado, la mesa enfrente… Es un objeto funcional pero también integrador, que cambia la dinámica del hogar”, comentó Geliberti en diálogo con el programa Ideas Circulares.

Costo y financiamiento

El costo estimado de materiales para cada estufa ronda entre 300 y 350 mil pesos, dependiendo de la herrería y de las condiciones de cada vivienda. Para financiar estas construcciones, el proyecto se sostiene gracias a aportes comunitarios, donaciones particulares y campañas de recaudación abiertas.

Con el fin de garantizar transparencia, el equipo mantiene un archivo accesible donde cada aporte económico figura con nombre, monto, destino y factura correspondiente. “Queremos que cada persona que colabora sepa exactamente en qué se usó su aporte. Esa confianza es la que nos permite seguir avanzando”, destacó el coordinador.

En sus inicios, el proyecto recibió apoyo de la Fundación Gente Nueva y de distintos vecinos que se acercaron con dinero, materiales o mano de obra. Hoy, el desafío es sostener ese nivel de participación y abrir nuevas puertas para escalar la propuesta.

Un mapa de calor en Bariloche

Uno de los aspectos más innovadores del Proyecto Estufas es su mapeo interactivo en Google Maps. Allí se marcan con íconos de fuego las 24 estufas ya construidas en distintos barrios de Bariloche, ofreciendo una visualización concreta de los avances logrados en apenas dos años.

Cada punto representa una familia que logró atravesar el invierno de manera más segura y económica, con calor suficiente para dormir mejor, estudiar o trabajar sin las dificultades de la precariedad térmica. “Cuando vemos ese mapa lleno de fueguitos nos damos cuenta de que estamos construyendo algo real y duradero. Cada estufa significa una vida un poco más digna”, expresó Geliberti.

Actualmente, el proyecto enfrenta una limitación que frena su crecimiento: la falta de un espacio propio para trabajar. Hoy solo cuentan con un depósito pequeño donde se guardan materiales y herramientas, pero no es suficiente para avanzar con el nuevo diseño en el que están trabajando.

“Lo que necesitamos es un taller de 30 o 40 metros cuadrados. No pedimos que sea gratis, estamos dispuestos a alquilarlo, pero sin ese espacio no podemos probar los prototipos ni fabricar las piezas que queremos. Sabemos que va a aparecer porque hay mucha gente que se identifica con este proyecto”, afirmó Geliberti.

La búsqueda de un lugar adecuado es clave para el futuro del programa. Un espacio propio permitiría no solo avanzar con el nuevo modelo, sino también organizar talleres abiertos a la comunidad, capacitaciones y jornadas de replicación en mayor escala.

El equipo lanzó recientemente una encuesta comunitaria que reunió más de 300 respuestas. Aunque no tuvo la difusión esperada, permitió recolectar datos valiosos para definir cómo escalar el proyecto. “Bariloche tiene una enorme necesidad de soluciones en calefacción y la encuesta nos muestra que hay interés en sumarse de distintas maneras. Eso nos da más fuerza para seguir”, aseguró el coordinador.

Las familias que acceden a estas estufas llegan al proyecto de múltiples formas: a través de centros de salud, organizaciones sociales, el boca en boca entre vecinos o relevamientos realizados por el propio equipo. En todos los casos, se busca priorizar a quienes atraviesan las situaciones más urgentes.

Una red de 40 personas

Aunque Geliberti es la cara visible, detrás del Proyecto Estufas hay un grupo de unas 40 personas que ponen su tiempo y esfuerzo para que la iniciativa siga creciendo. Cada construcción es el resultado de un entramado de voluntades que, más allá de las dificultades económicas, demuestran que es posible generar cambios concretos en la vida de las familias.

“Nosotros hacemos malabares para conseguir los recursos. No tenemos aportes institucionales grandes, todo lo que logramos es gracias a la comunidad. Por eso no queremos levantar falsas expectativas: sabemos que lo que hacemos ya es mucho, pero queremos llegar más lejos”, remarcó. (Bariloche Opina)

Más info en https://linktr.ee/ProyectoEstufasBariloche 

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