Desde Bariloche a la industria satelital mundial: una historia de vocación, trabajo y constancia

La historia de Jorge Nahuelpan, un barilochense formado en la educación técnica pública que hoy desarrolla tecnología de punta en la industria satelital de Estados Unidos.
martes 23 de diciembre de 2025

La historia de Jorge Nahuelpan no comienza en un laboratorio ni en una universidad extranjera. Empieza en una casa común de Bariloche, con un chico curioso que desarmaba todo lo que tenía a mano. “Mi vocación apareció de chico. Me gustaba desarmar cosas: juguetes, motores eléctricos, controles remotos. No era por romper, sino porque quería entender cómo funcionaban”, recuerda.

Criado en una familia trabajadora —su padre bancario y su madre ama de casa—, Jorge no provenía de un entorno científico ni tecnológico. “No vengo de una familia de científicos, pero siempre tuve curiosidad y ganas de aprender”, señala en una charla con Bariloche Opina. Esa inquietud fue el motor que lo llevó a elegir la educación pública técnica como primer paso, aun cuando el ingreso no estaba garantizado. “Yo quería estudiar ahí, pero en esa época las vacantes se sorteaban. Salí tercero en el sorteo. Un poco de suerte, un poco de destino”.

La educación técnica como punto de partida

El paso por la escuela técnica fue decisivo. Allí no solo adquirió conocimientos, sino una forma de pensar. Luego continuó su formación en Ingeniería Mecánica en la UTN. Aunque no completó la carrera, el aprendizaje fue profundo. “Ese tiempo fue clave. Me ayudó a pensar los problemas antes de resolverlos, a ser menos impulsivo y más analítico”, explica.

Esa base sería determinante para lo que vendría después. Para Jorge, había un objetivo claro: trabajar en INVAP, la empresa tecnológica de Bariloche reconocida a nivel mundial. “Para mí INVAP era un sueño desde la secundaria. Era la prueba de que desde Bariloche se podía hacer tecnología de primer nivel”.

Ingresó a INVAP en 2007, siendo muy joven. Allí se encontró con un mundo exigente, donde la improvisación no existe. “Aprendí lo que significa trabajar en proyectos donde no hay margen para el error. Cada detalle importa”, afirma.

Participó en la integración mecánica de satélites e instrumentos espaciales, formando parte de proyectos emblemáticos como ARSAT, SAOCOM y SAT-D/Aquarius. “Ahí entendí el oficio, la paciencia, el respeto por el trabajo bien hecho. No es solo conocimiento técnico: es responsabilidad”, destaca.

Más allá de los proyectos, rescata el valor humano. “Hubo muchas personas que me marcaron. Compañeros, referentes, gente que te enseña sin darse cuenta”. Ese entorno consolidó una cultura de trabajo que hoy reconoce como una ventaja competitiva.

Mirar al mundo sin dejar de valorar el origen

Después de la pandemia, Jorge empezó a mirar nuevas oportunidades. “Sabía que el conocimiento que había adquirido podía servir afuera”. Aparecieron propuestas en Europa y Estados Unidos, y finalmente eligió ese destino. Hoy vive en Colorado y trabaja para la empresa Skyloom.

Su rol actual está ligado a la integración mecánica y óptica de terminales de comunicación láser que viajan a bordo de satélites. “Son instrumentos que permiten transmitir información de forma mucho más rápida y eficiente”, explica. Tecnología de frontera, con estándares extremadamente altos.

Sin embargo, encuentra más similitudes que diferencias. “En lo macro, el trabajo es muy parecido a lo que hacía en INVAP: procedimientos, normas, precisión. Cambia el ritmo, pero la base es la misma”.

El valor estratégico del conocimiento argentino

Desde afuera, Jorge mira a Bariloche y a la Argentina con otra perspectiva. “Argentina es uno de los pocos países del mundo que puede diseñar, construir y ensayar satélites geoestacionarios, reactores de investigación y radares complejos”, subraya.

Para él, muchas veces no se dimensiona ese potencial. “Desde el sur del país se genera conocimiento competitivo a nivel mundial. Lo que se hace en Bariloche está a la altura de los estándares más exigentes”.

Esa experiencia le permite afirmar que la formación técnica argentina no solo es válida, sino valiosa. “Cuando llegás a trabajar afuera, te das cuenta de que la base es sólida. No estamos tan lejos como creemos”.

Jorge no presenta su historia como un camino perfecto. Al contrario. “El camino no es lineal. Está lleno de trabas, errores y vueltas”, admite. Pero hay elementos que considera irrenunciables: convicción, trabajo y curiosidad.

Ojalá mi historia sirva para que otros chicos y chicas vean que desde Bariloche, desde la educación técnica, se puede llegar muy lejos”, afirma. No como una excepción, sino como una posibilidad real. (Bariloche Opina)

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