11 DE SEPTIEMBRE

A 25 años del 11-S, las consecuencias del atentado que cambió al mundo

Estados Unidos recuerda este viernes los atentados del 11 de septiembre de 2001. Un cuarto de siglo después, las víctimas, los sobrevivientes y quienes trabajaron en la Zona Cero continúan enfrentando consecuencias físicas y emocionales.
viernes 11 de septiembre de 2026

Este viernes se cumplen 25 años de los atentados del 11 de septiembre de 2001, una jornada que conmocionó a Estados Unidos y provocó profundas transformaciones políticas, sociales y culturales que todavía tienen repercusiones en la actualidad.

Aquella mañana, integrantes de Al Qaeda, organización liderada por Osama bin Laden, secuestraron cuatro aviones comerciales. Dos de ellos fueron estrellados contra las Torres Gemelas del World Trade Center, en Nueva York; otro impactó contra el Pentágono, mientras que el cuarto, el vuelo 93 de United Airlines, terminó estrellándose en Pensilvania después de que pasajeros y tripulantes intentaran recuperar el control de la aeronave.

El ataque provocó la muerte de casi 3.000 personas y dejó una huella que excedió ampliamente a quienes estuvieron en los lugares atacados. Las consecuencias alcanzaron a familiares, sobrevivientes, bomberos, policías, personal sanitario y miles de trabajadores que participaron de las tareas de rescate y recuperación.

Uno de los aspectos que vuelve a cobrar relevancia en este 25° aniversario es precisamente el impacto que aquella jornada continúa teniendo sobre quienes estuvieron expuestos a las condiciones de la denominada Zona Cero.

Entre los sobrevivientes se encuentra Joe Conzo, quien en 2001 era técnico de emergencias médicas del Departamento de Bomberos de Nueva York (FDNY). Conzo participó de las tareas posteriores al ataque y permaneció en el área durante horas.

Con el paso del tiempo fue diagnosticado con cáncer de hígado y posteriormente de páncreas, enfermedades que atribuye a su exposición a las toxinas liberadas tras el derrumbe de los edificios. Según el material difundido en ocasión del aniversario, lleva siete años en remisión.

Su historia forma parte de una realidad mucho más amplia. Datos citados en informes sobre la salud de los integrantes del FDNY indican que 12.161 miembros fueron diagnosticados con al menos una enfermedad atribuida a la exposición a las toxinas del World Trade Center.

El impacto también alcanza a la salud mental. Los registros mencionados señalan que 4.496 integrantes del FDNY están certificados por al menos una afección de salud mental, mientras que 10.562 presentan alguna afección de salud física vinculada con su trabajo en la zona afectada.

Las consecuencias también alcanzaron a quienes participaron de las tareas de emergencia durante las primeras horas. Izzy Miranda, entonces instructor de la academia de bomberos, llegó al lugar antes del derrumbe de las torres y posteriormente trabajó desde el sindicato para reclamar beneficios médicos para los trabajadores afectados.

Miranda también sufrió problemas de salud que atribuye a la exposición durante las tareas realizadas en la Zona Cero, entre ellos apnea del sueño y problemas respiratorios, además de intervenciones quirúrgicas relacionadas con sus vías respiratorias.

Las experiencias de ambos reflejan una característica particular del 11-S: para muchos de quienes estuvieron allí, la tragedia no terminó cuando dejaron de caer los edificios.

Las imágenes de las Torres Gemelas en llamas recorrieron el mundo en cuestión de minutos. Pero además de la destrucción en el World Trade Center, Nueva York quedó sumida en un escenario de confusión, evacuaciones y despliegue de los servicios de emergencia.

Los relatos periodísticos publicados durante aquella jornada describieron calles colapsadas, hospitales recibiendo heridos, restricciones de circulación y una ciudad prácticamente detenida.

Los aeropuertos estadounidenses fueron cerrados y el espacio aéreo del país quedó bajo estrictas restricciones. Embajadas, organismos internacionales, comercios, restaurantes y numerosas instituciones también interrumpieron sus actividades.

Mientras miles de personas intentaban alejarse del área de Manhattan, bomberos, policías y equipos de emergencia avanzaban en dirección contraria, hacia una zona que todavía se encontraba cubierta por humo, polvo y escombros.

Siete horas después del primer ataque, el World Trade Center 7, un edificio de 47 pisos ubicado en las inmediaciones de las Torres Gemelas, también se derrumbó como consecuencia de los daños provocados durante los atentados y los incendios posteriores.

A 25 años de los atentados, existe además una distancia generacional cada vez mayor. Muchos jóvenes que hoy son adultos eran niños pequeños o todavía no habían nacido en septiembre de 2001.

Algunos hijos de las víctimas crecieron sin recuerdos propios de aquella jornada y conocieron lo sucedido a través de sus familias, documentales, fotografías, archivos periodísticos e internet.

Ese proceso de transmisión de la memoria ocurre además en una época marcada por las redes sociales y la circulación masiva de información, donde las teorías conspirativas y los contenidos falsos sobre el 11-S encontraron nuevos canales de difusión.

Por eso, las conmemoraciones del 25° aniversario no se limitan a recordar lo sucedido. También plantean el desafío de preservar la memoria histórica frente a la desinformación y transmitir a nuevas generaciones qué ocurrió aquel día y cuáles fueron sus consecuencias.

Los atentados provocaron cambios profundos en la política internacional. Estados Unidos inició la denominada “guerra contra el terrorismo” y comenzó la intervención militar en Afganistán. Dos años después, en 2003, se produjo la invasión de Irak.

También se reforzaron los mecanismos de seguridad, vigilancia y control dentro de Estados Unidos y en otros países. Los aeropuertos, los viajes internacionales y los sistemas de inteligencia fueron algunos de los ámbitos en los que esos cambios se hicieron especialmente visibles.

Pero quizás una de las transformaciones más profundas fue menos visible: el 11 de septiembre modificó la percepción que millones de personas tenían sobre la seguridad y la vulnerabilidad de las sociedades modernas.

Veinticinco años después, las Torres Gemelas ya no están. En su lugar se levantan nuevos edificios y espacios destinados a recordar a quienes murieron. El National September 11 Memorial conserva los nombres de las víctimas y mantiene abierta la memoria de una jornada que quedó incorporada definitivamente a la historia contemporánea.

El tiempo pasó, pero para quienes perdieron familiares, para los sobrevivientes y para los trabajadores que enfrentaron las consecuencias sanitarias de aquella jornada, el 11 de septiembre de 2001 no pertenece solamente al pasado.

(NA)

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