MATÍAS DE OTO

¿Se puede fabricar lluvia?: qué hay detrás de la siembra de nubes

El meteorólogo y Licenciado en Oceanografía Matías De Oto analizó las prácticas de modificación artificial del tiempo, sus posibilidades y limitaciones. Señaló que se necesitan condiciones atmosféricas muy particulares y cuestionó los beneficios concretos que ofrecen estas tecnologías en la actualidad.

La posibilidad de modificar artificialmente las condiciones atmosféricas y estimular las precipitaciones volvió a instalarse en el debate a partir de la incorporación de empresas argentinas a actividades vinculadas con la siembra de nubes.

Se trata de una práctica que genera interés en distintos sectores productivos, pero que también plantea interrogantes sobre su efectividad, sus alcances y sus posibles impactos.

En su participación en el programa Ideas Circulares, el meteorólogo y Licenciado en Oceanografía Matías De Oto explicó cómo funciona esta técnica y por qué considera que todavía existen importantes limitaciones para obtener resultados concretos.

El especialista comenzó por aclarar que la siembra de nubes no permite generar precipitaciones en cualquier lugar ni bajo cualquier condición meteorológica. Para que pueda realizarse, es necesario que exista previamente nubosidad con características adecuadas.

"«Para sembrar una nube no es que vas a hacerlo en el desierto del Sahara o en la estepa patagónica y va a empezar a llover. Tenés que tener la nube", explicó.

Modificar los procesos dentro de una nube

La técnica consiste en intervenir sobre determinados procesos microfísicos que ocurren en el interior de las nubes, con el objetivo de favorecer la formación de gotas de agua y su posterior precipitación.

De Oto explicó que uno de los mecanismos consiste en aumentar la cantidad de núcleos de condensación, partículas alrededor de las cuales puede producirse la formación de gotas.

"Lo que hay que hacer es modificar un poco la microfísica ahí adentro para que se generen gotitas y caigan", señaló.

Sin embargo, la presencia de nubes no garantiza que se produzcan lluvias. El comportamiento de la precipitación también depende de las condiciones de humedad y de las características de las distintas capas de la atmósfera.

"Muchas veces tenés nubes que precipitan, pero también capas que son muy secas y la precipitación nunca llega al piso", explicó.

Por eso, consideró que antes de pensar en implementar estos procedimientos es necesario estudiar qué regiones presentan condiciones atmosféricas y climáticas adecuadas. Entre las posibilidades mencionó los lugares donde predomina la nubosidad de tipo stratus.

Las dudas sobre su efectividad

Uno de los principales cuestionamientos planteados por De Oto está relacionado con la dificultad de medir los resultados de estas intervenciones y determinar si efectivamente generan un incremento significativo de las precipitaciones.

El meteorólogo señaló que todavía existe una cantidad limitada de investigaciones que permitan establecer beneficios estadísticamente comprobables y que las experiencias desarrolladas en distintos países no siempre muestran resultados concluyentes.

"Hay pocos estudios que avalen eso. Es algo de lo que se empieza a hablar un poco más, pero los resultados no sé si son tan exitosos", sostuvo.

También consideró que es necesario analizar la viabilidad económica de estas operaciones, además de sus posibilidades técnicas. "Primero habría que estudiar dónde es potencialmente factible y, en segundo lugar, qué tan rentable puede ser", planteó.

En ese sentido, expresó una mirada crítica sobre las propuestas comerciales que ofrecen este tipo de servicios en la actualidad. "Me parece que es puro marketing de algo que realmente no tiene ningún beneficio neto", afirmó.

Otras formas de modificación artificial del tiempo

Durante la explicación, De Oto también distinguió la siembra de nubes de otras intervenciones atmosféricas que persiguen objetivos diferentes.

Entre ellas mencionó las experiencias destinadas a modificar las condiciones de formación del granizo, como las prácticas de lucha antigranizo que se desarrollan en Mendoza, y los procedimientos vinculados con la reducción de nieblas en aeropuertos.

Según explicó, se trata de intervenciones que buscan producir efectos a escalas muy pequeñas y bajo condiciones específicas, por lo que sus alcances no deben confundirse con la posibilidad de controlar el clima de una región.

El especialista consideró que los avances tecnológicos podrían modificar las posibilidades de estas prácticas en el futuro, aunque advirtió que actualmente existen limitaciones importantes.

(Bariloche Opina)

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