2025-09-09

Malvinas: el último capellán del Regimiento 25 comparte su legado en Bariloche

Vicente Martínez Torrens, capellán del Regimiento de Infantería 25 y único sobreviviente entre los sacerdotes que acompañaron a las tropas argentinas en las Islas Malvinas, compartió en Bariloche su testimonio sobre la misión espiritual, los recuerdos de combate y el legado que transmiten los excombatientes a las nuevas generaciones.

En el Museo de Malvinas de Bariloche, la presencia de Vicente Martínez Torrens despertó una profunda emoción entre los asistentes. A sus 86 años y con una memoria intacta, el sacerdote recordó su experiencia como capellán del Regimiento 25 durante la guerra de 1982. “Soy el último de los capellanes con vida de los 22 que estuvimos en Malvinas. Ya con poco hilo en el carretel, pero con la satisfacción de haber acompañado a esos jóvenes que hoy son héroes”, expresó conmovido, subrayando la importancia de transmitir la historia a las nuevas generaciones.

En diálogo con el programa Ideas Circulares, el religioso aseguró que le causa alegría ver la participación de jóvenes en estos espacios de memoria. “Ellos son quienes reciben la antorcha de nuestra causa. La batalla de Puerto Argentino terminó, pero la causa Malvinas sigue viva hasta que no se reivindiquen totalmente nuestras islas”, afirmó. En esa frase resumió su convicción: la memoria de los soldados debe permanecer como un compromiso colectivo de unidad y soberanía.

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Uno de los momentos más intensos de su paso por Bariloche fue escuchar a la banda de la Escuela de Montaña interpretar la "Marcha de los Fusileros" durante la inauguración del Memorial. Con la voz entrecortada recordó que esa melodía “fue la misma que usó Liniers para desalojar a los británicos en la primera invasión inglesa y con la que desembarcamos nosotros en el 82. Cuando la escuché aquí, volví a vivir aquel día en que recuperamos nuestro territorio. Durante 74 días volvimos a gobernar Malvinas bajo la bandera argentina”.

Martínez Torrens explicó que su tarea no se limitaba a un lugar fijo. Con un jeep, un helicóptero y largas caminatas, se movía constantemente para acompañar a los soldados. “Mi función era el servicio religioso. Oficié hasta ocho misas diarias porque había más de ocho mil hombres. No me quedé en una trinchera, donde estaba un soldado, celebraba la misa”, relató. Esa cercanía le permitió conocer de primera mano la hermandad que se forjó en las islas. “Las divisiones provinciales desaparecían. Chaqueños, jujeños, correntinos y patagónicos éramos uno solo bajo la misma bandera. Esa unión me marcó para toda la vida”.

El sacerdote hizo especial hincapié en el valor de los jóvenes conscriptos que participaron en el conflicto. “Cronológicamente eran chicos, pero en los hechos fueron hombres. Mostraron un valor digno del bronce. La guerra es un insulto a la juventud, pero ellos demostraron coraje y madurez”, señaló, recordando también a Oscar Eduardo Labalta, de Bariloche, quien con apenas 17 años simbolizó esa entrega precoz.

Pero su homenaje no se detuvo en los combatientes. También destacó el rol de las Madres de Malvinas, a quienes definió como “heroínas silenciosas que sufrieron tanto como los soldados”. Relató el caso de una mujer del Chaco, a quien entrevistó para escribir su libro S649 Héroes. “Vivía en la miseria, había vendido su casa para comprar medicamentos para su esposo enfermo de cáncer. Cuando terminé de preguntarle sobre su hijo, me miró y me dijo: Estoy muy contenta y agradecida, porque mi hijo murió por Malvinas, por la patria, y no perseguido por la policía ni por la droga. Ese testimonio resume el verdadero sentimiento argentino”.

Al mirar hacia atrás, reflexionó también sobre la distancia que existía entre lo que ocurría en las islas y lo que pasaba en el continente. “Había dos Argentinas: una derramando sangre por la soberanía y otra entretenida con el pan y circo. Mientras en Malvinas luchábamos, en Buenos Aires se gritaba gol en el Mundial de España. Esa fractura demuestra que la grieta viene de hace mucho tiempo”.

Con serenidad, cerró su relato con un mensaje que mantiene vigencia más de cuatro décadas después. “La causa Malvinas no es solo de los veteranos. Es de toda la Argentina. La batalla militar terminó, pero la lucha por la soberanía continúa. Nuestra obligación es transmitirla a los jóvenes para que no se apague nunca”. (Bariloche Opina)

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