2025-11-07

PODER JUDICIAL

Después de 60 años, la Justicia le permitió cambiar el nombre que le impusieron por una apuesta

Una mujer del Alto Valle obtuvo una sentencia favorable para reemplazar los prenombres inscriptos al nacer, tras demostrar que el nombre impuesto le generó vergüenza y afectó su vida personal.

Una mujer nacida en una ciudad del Alto Valle a comienzos de la década del sesenta logró que la Justicia de Cipolletti reconociera su derecho a cambiar el nombre con el que fue inscripta al nacer, el cual había sido elegido por su padre a raíz de una apuesta familiar.

Según consta en la presentación judicial, el nombre impuesto le provocó burlas y humillaciones desde la infancia, lo que la llevó a abandonar la escuela secundaria y a evitar trámites oficiales o situaciones públicas en las que debía pronunciarse su identidad legal. Durante gran parte de su vida fue conocida únicamente por la inicial de su nombre.

En agosto de 2025, inició una acción judicial para eliminar los prenombres registrados y que se reconociera el nombre que utilizó durante su vida adulta, el cual respaldó con testimonios, certificados y publicaciones que acreditaban su uso habitual.

Un equipo interdisciplinario evaluó su solicitud y concluyó que el cambio representaba una forma simbólica de reparación personal, al tiempo que coincidía con la identidad que había construido socialmente. Tanto el Ministerio Público Fiscal como el Registro Civil apoyaron la modificación, al no encontrar impedimentos legales.

El Código Civil y Comercial permite la modificación del nombre cuando existen “justos motivos”, entre ellos la afectación de la personalidad y el uso habitual de otro nombre. El tribunal consideró que ambos supuestos estaban acreditados.

La Unidad Procesal del fuero de Familia de Cipolletti ordenó entonces rectificar la partida de nacimiento y reemplazar los prenombres originales por el nombre con el que la mujer se identificó durante décadas.

La sentencia se dictó en noviembre de 2025, apenas tres meses después del inicio del trámite.

Tras más de sesenta años de vivir con un nombre impuesto por una apuesta, la Justicia reconoció su derecho a llamarse como siempre quiso.

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