Melipal: memoria y legado de sus primeros vecinos
En la última edición de Descubriendo Bariloche, la columna de Anabella Marrapodi en el programa Ideas Circulares, el foco se posa sobre uno de los territorios más emblemáticos, luchadores y profundamente identitarios de la ciudad: el Barrio Parque Melipal, cuyo nombre significa Cruz del Sur en lengua mapuche. Desde la costa del Nahuel Huapi hasta la cota 600 del Cerro Otto, y a lo largo del tramo comprendido entre el kilómetro 3,2 y el 4,5 de la Avenida Bustillo, este barrio encapsula una historia vibrante que abarca desde los primeros loteos formales de Bariloche hasta la vida comunitaria actual.
Para comprender Melipal hay que retroceder al comienzo del siglo XX. Entre 1903 y 1905 se instala en la zona Don Benito Boock, pionero agroforestal, ganadero y emprendedor incansable. Allí levanta un aserradero, una fábrica de cerveza y un molino harinero.
Su esposa, Robustiana Ferreira, desempeñaría más tarde un papel clave en la inmobiliaria Lagos del Sur SRL, que loteó gran parte del barrio. Los primeros loteos formales tienen lugar entre 1946 y 1947 de la mano de Comi y Pini; y en 1948 Lagos del Sur concreta el segundo loteo.
Hacia 1950, esos trazos administrativos ya delineaban lo que sería el primer barrio creado formalmente en San Carlos de Bariloche, con apenas entre 20 y 22 casas dispersas entre mallines, mosquetas, bosques nativos y arroyos.
El nacimiento de la primera Junta Vecinal de Bariloche
El gran salto organizativo se produjo el 27 de octubre de 1955, cuando tras varias reuniones vecinales se conformó la primera comisión directiva de la Junta Vecinal Melipal, encabezada por su primer presidente, el ingeniero José Evaristo Repossini, responsable de los planos y mensuras del sector. Marrapodi describe ese momento como “el nacimiento formal del espíritu comunitario de Melipal”, una afirmación que cobra sentido al repasar los objetivos fundacionales: resolver el suministro de agua, gestionar el tendido eléctrico, coordinar luminarias, caminos y servicios básicos que el Estado no garantizaba.
Con el tiempo, Melipal fue consolidando su institucionalidad: en 1964 se reconoce a la Junta como la primera de Bariloche; en 1972 obtiene personería jurídica provincial; y en 1996 renueva su condición según las ordenanzas municipales vigentes. La evolución poblacional también impresiona: de apenas 40 viviendas en 1965, a cerca de 400 habitantes en 1971, y más de 5.000 vecinos y 1.500 socios activos en la actualidad.
El agua: la gran obra comunitaria que marcó la identidad del barrio
Uno de los ejes más significativos de esta crónica es la historia del agua potable. En los años 40 se instala la primera red gracias al esfuerzo de los propios pioneros. El primer tanque se ubicó en la rotonda de Boock y Roca y la bomba se encendía manualmente. En esa etapa, los gastos se prorrateaban según la cantidad de baños de cada familia.
La familia Slipek jugaría un rol esencial: administró el sistema de bombeo durante años, coordinó ampliaciones, incorporó bombas, impulsó el rebombeo desde el tanque original, instaló medidores y gestionó cada nueva necesidad. Melipal se convirtió así en un barrio autosuficiente en el servicio de agua, un logro comunitario que aún se mantiene.
Electricidad, cloacas y obras hechas “a pulmón”
La electricidad llegó en 1971, tras la gestión de Brendstrup y Olivera, quienes incluso pagaron las primeras luminarias. A inicios de los 90, la Junta impulsó ante el DPA la obra cloacal por temor a la contaminación del lago; una asamblea extraordinaria en 1992 aprobó el proyecto y en 1995 la CEB inauguró la Planta de Tratamiento de Líquidos Cloacales, que convirtió a Melipal en el primer barrio de Bariloche con cloacas propias.
Además, los vecinos financiaron la creación de la plaza de juegos, la señalización de calles, el derivador de tránsito en Bustillo y Lagos del Sur, la construcción de la sede social, la limpieza costera y la recolección de podas. Todo, sin ayuda estatal directa.
Escuelas que marcaron una nueva etapa de crecimiento
El crecimiento poblacional derivó en infraestructura educativa clave: en 1985 se inauguró la Escuela Primaria Nº 298 y el 2 de marzo de 1986 abrió el CBU Nº 2 —hoy CEM Nº 2— ampliando la oferta educativa para adolescentes.
El cuartel de Bomberos Voluntarios Melipal: una historia de coraje y comunidad
Entre finales de los 60 y principios de los 70, las comunicaciones eran tan precarias que avisar un incendio requería recorrer kilómetros hasta el centro. La Junta designó como impulsores del cuartel a Corsi, Slipek, Gardella, Bernini, Iches y Schümperli, y el 1 de agosto de 1971 se reconoce oficialmente la fundación.
Los comienzos fueron humildes: los hidrantes estaban en casas particulares, las mangueras se trasladaban en autos propios y la primera autobomba y sirena fueron donadas por Mirko Fautario. En 1973 llegaron un Jeep Gladiator de las Fuerzas Armadas y una motobomba Citroën. Los vehículos se guardaban en la casa de la familia Slipek hasta que, en 1973, comenzaron a construir el cuartel con materiales donados y mano de obra vecinal. La inauguración oficial llegó en 1978, con la bendición del Padre Otto Cais.
Uno de los textuales más emotivos del documento recuerda que “mientras unos trabajaban, otros hacían música, preparaban el asado, los chicos jugaban y se tomaba el vino caliente; una verdadera fiesta. Durante mucho tiempo hubo fiesta en Melipal”.
Familias pioneras que dieron forma al barrio
La columna también rescata a numerosas familias que habitaron el barrio entre los años 40 y 60: Ramos, Mora, Lombardini, Rosenkjer, Vecchiet, Boock, Dornburg, Aste, Montero, Hagemann, Reposini, Giss, Staudenmeir, Ezquerra, Jakab, además de establecimientos como los hoteles Edelil y El Nido, la Quinta del Suizo Frey y el Club Náutico.
Un capítulo central de la investigación de Marrapodi es la biografía de Alfredo “Pedro” Slipek, uno de los vecinos más influyentes del barrio y una figura que simboliza el espíritu comunitario.
Nació en 1932 en Buenos Aires, hijo de inmigrantes alemanes. Vivió en Alemania entre los dos y los catorce años, en plena convulsión bélica. Tras la guerra, el documento narra que “Pedro con tan solo 14 años llevaba a su madre en bicicleta (en el caño) para poder llegar a la embajada y gestionar su retorno” a la Argentina.
Ya en Buenos Aires trabajó 15 años en SEGBA como electricista especializado. En 1962 se casó con Erika Hermann y, en 1965, buscando “alejarse del gentío”, llegaron a Bariloche. Compraron un terreno en Pioneros 4100, donde, según Erika, “Pioneros era una huella entre mosquetas”.
Slipek fue el 3º presidente de la Junta Vecinal, administrador por catorce años, impulsor de la ampliación de la red de agua, referente del barrio y uno de los fundadores del cuartel de bomberos. Su casa funcionaba como centro operativo: allí se pagaba el agua, se informaba sobre mascotas perdidas, se recibían reclamos y se compartían novedades. Su hijo mayor seguiría sus pasos como bombero voluntario y administrador de la Junta.
Las reuniones vecinales, las mingas de trabajo y las fiestas improvisadas forman parte de la memoria colectiva. “¡Durante mucho tiempo hubo fiesta en Melipal!”, recuerdan Erika y Pedro en el documento.
Pero también aparece una advertencia: “Ha cambiado mucho la población del barrio… Hoy falta solidaridad y participación”. Ese texto final funciona como un llamado a recuperar lo que hizo posible su existencia: la unión vecinal, el esfuerzo compartido y el compromiso comunitario.
Para Marrapodi, el mensaje es claro: “Honrar a nuestros pioneros es recuperar la idea de que los barrios se construyen juntos”. Melipal nació del impulso de vecinos que levantaron servicios esenciales, instituciones, infraestructura y una identidad única sin esperar nada a cambio. Ese legado sigue siendo un faro, una memoria viva que ilumina el presente y el futuro del barrio.