PODER JUDICIAL
Cambio de apellido: un adolescente logra identificar su historia familiar
Un adolescente recurrió al Poder Judicial porque llevaba consigo un peso invisible: su apellido. Para él, ese nombre en su documento era un recordatorio constante de una ausencia paterna, generándole rechazo y vergüenza.
En la escuela y entre amigos, todos lo conocían por el apellido del hombre que lo cuidó desde los 18 meses, quien ocupó el lugar que su progenitor dejó vacío por desinterés. Aunque su madre ya no está en pareja con este hombre, el vínculo entre ellos se mantuvo firme: lo acompaña a actos escolares, lo apoya económicamente y comparte vacaciones y celebraciones familiares.
El fuero de Familia de Villa Regina resolvió a favor del adolescente, ordenando suprimir el apellido paterno y rectificar la partida de nacimiento para que lleve el del padre de crianza. La decisión se comunicará al Registro Civil para emitir un nuevo documento nacional de identidad.
Durante el proceso intervinieron la Defensoría de Menores, se realizaron pruebas documentales, testimoniales y periciales psicológicas, y se notificó al progenitor biológico, quien no se presentó. La fiscalía y el Registro Civil emitieron dictámenes favorables.
Los testigos coincidieron en que el joven no se identifica con el apellido paterno y reconoce como padre a quien lo acompañó durante su crianza, con quien mantiene un vínculo cercano. Además, señalaron que en la vida social, escolar y en redes ya utiliza ese apellido.
El fallo recordó que el derecho a la identidad incluye el nombre, la filiación y la pertenencia social y familiar. La jueza consideró que el abandono del progenitor biológico y la consolidación del vínculo socioafectivo con el padre de crianza constituyen razones suficientes para modificar el nombre, siempre priorizando el interés superior del adolescente y su derecho a ser escuchado.
En conclusión, el juzgado determinó que el uso del apellido paterno generaba afectación en la identidad del adolescente, y que la modificación refleja fielmente sus vínculos familiares y sociales, otorgándole finalmente la posibilidad de llevar un nombre que represente su historia y afecto real.