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CARTA ABIERTA

"Bariloche, ciudad colapsada"

"Bariloche, ciudad colapsada"
martes 16 de agosto de 2022

Hacia afuera la propaganda del Bariloche turístico y sus paisajes son, en palabras de un funcionario local, “un poema”.

Para el habitante local, que debe circular por sus calles “un lamento o un cuento de terror”, una lucha y la mayoría de las veces una resignación.

Los funcionarios cuando planifican la ciudad solo piensan en aumentar las posibilidades de oferta edilicia y de loteos, el pretexto es el progreso y la demanda de propietarios que desean invertir.

Pero… ¿Qué pasa con el derecho de los propietarios que ya habitan hace años y no desean tanto tránsito, la desaparición de paisaje o contaminación y afectación negativa para el ambiente, la falta de infraestructura y servicios, entre otras problemáticas locales?

Son calamidades ocultadas al turismo y la opinión pública fuera de la ciudad, incluso dentro de esta última muchos medios no reflejan todas las problemáticas debidamente.

La historia de Bariloche muestra que en muchos barrios, humildes o pudientes, se debía resolver la provisión del servicio de agua -sin ayuda de los gobiernos- así se crearon las Juntas Vecinales, que luego fueron las encargadas de cobrar y mantener dicho servicio como pueden, y los siguen siendo.

En muchos casos el agua se distribuye sin potabilizar en muchos barrios. Como es el caso de la toma de agua en el arroyo Casa de Piedra, que reparte por gravedad en redes colocadas por vecinos, aunque advierten que no es potable.

Sin embargo, lejos de regularizar esta situación antes de seguir promoviendo el desarrollo, los partidos políticos que llegan al ejecutivo han autorizado aumentar la densidad y superficie edificable allí.

Rápidamente tienen más edificios que abastecer con dicho servicio a más usuarios, pero sin mejorar la calidad del servicio.

De este modo, en estos barrios, así como en muchos otros, la falta de agua potable o de presión en las cañerías se ha naturalizado para los veranos.

La Cooperativa de electricidad local en la última elección de sus propias autoridades mostró, en boca de todos los candidatos, que están al límite de sus posibilidades y necesitan hace años ya una segunda línea de alta tensión, que aún si la licitan en 2022 demorará varios años en concretarse y permitir ampliar la capacidad del servicio.

El aumento de requerimientos y consumo debe responder al nivel de crecimiento poblacional, presenta tasas de crecimiento por encima de la media nacional, pudiendo incluso llegar a duplicar la población en tan solo 10 años.

No se tiene información actualizada de cuántos habitantes permanentes tiene Bariloche hoy, pero es probable que lleguemos a más de 180 mil habitantes, además de las decenas de miles de turistas que durante las temporadas pueden aumentar –en momentos picos- dicha población en un 50% aproximadamente.

La pandemia del COVID-19 ha aumentado la demanda por venir a habitar Bariloche, pero muchos no tienen ni idea de donde se meten, en qué condiciones están los servicios, sus calles, la infraestructura o el nivel de pérdida del paisaje que se viene generando en la localidad y sus alrededores.

El gas, tal como fue anunciado por el Observatorio del Derecho a la Ciudad en Bariloche hace años, ya está llegando a un límite de prestación aún con la llegada del segundo gasoducto hace pocos años, el cual tardó casi 10 años en finalizarse desde su licitación.

La empresa prestadora ha indicado a los medios que está demorado la incorporación al sistema de nuevos compresores que generarían más capacidad, pero el crecimiento veloz de la ciudad hace que no de abasto para casi ninguna infraestructura urbana.

Ante cada propuesta de ampliación de un servicio básico, el aumento de migrantes y turistas es tal que queda corto en muy poco tiempo.

Se ha generado recientemente una ampliación de la planta de tratamientos cloacales, pero también se encontraría complicada su capacidad actualmente, sobre todo en los picos de las temporadas por la sumatoria de habitantes y turistas en su zona servida.

Muchos no saben que casi la mitad de la población de la ciudad no cuenta con red cloacal y debe resolver dicha situación dentro de sus propios terrenos donde habitan, con lechos nitrificantes o en edificios más antiguos con pozos ciegos, que en muchos casos están cerca de costas de lago, zonas bajas como mallines, y áreas que tienen cursos subterráneos de agua a poca profundidad.

Por tanto, representa un constante riesgo de contaminación de cursos de agua.

En cuanto al paisaje el reciente caso de un deslave, dentro de un sector en obra de un hotel, disparó las alarmas que llevó a varios cambios en oficinas administrativas, en Dirección de obra y de Planeamiento, entre otras.

Muchos analistas se concentraron en que no tenían permiso para dicha obra, o que existieron errores en la contención de tierra, pero los resultados fueron tres muertes de turistas dentro de sus habitaciones, en un edificio lindero dentro del mismo hotel.

Lo que no se ha difundido mucho es la constante pérdida de bosque y por lo tanto de espacios con suelo absorbente dentro de los lotes, muchos de ellos en zonas con fuerte pendiente y sin mucho control.

El bosque en Río Negro es legalmente dominio de la provincia, y sería la primera responsable desde sus oficinas respectivas,al autorizar grandes superficies taladas de bosque, además de una falta de control y cuidado del mismo, estén o no en predios privados.

El municipio debería, respaldar las denuncias y preocupaciones de los vecinos y vecinas, sin embargo solo responde que no es su responsabilidad.

En el recientemente plan aprobado para el oeste de la ciudad, se acepta la presentación de propuesta de desarrollo en zonas delicadas ambientalmente, incluidas las Reservas Naturales Urbanas.

Estos proyectos, lejos de cuidar el ambiente, tienden a degradar y fragmentar más el paisaje, principal atractor del turismo, a cambio de un supuesto progreso y magros ingresos a las arcas municipales y/o provinciales.

Dicho plan, evidentemente no calcula el aumento de la demanda en infraestructura y servicios que hoy está al límite.

Si bien la intendencia en Bariloche, incluso la gobernación de Río Negro, quiere mostrar solo las obras y proyectos concretados, muchas de ellas realizadas con fondos nacionales, se oculta una realidad peligrosa y con inminente colapso de infraestructuras, de servicios, del cuidado al paisaje y el medio ambiente.

El lentísimo ritmo de asfaltado de las calles, va muy por detrás del crecimiento urbano, lo que conlleva un cada vez mayor porcentaje de calles de tierra que requieren ser asfaltadas constantemente. Por cada cuadra de calle asfaltada en los barrios nuevos requieren diez.

Sin embargo, en lugar de atender esta necesidad, se han invertido muchos millones en asfaltar la calle principal que ya estaba asfaltada.

Para colmo los dueños de las millonarias propiedades beneficiados por dicha obra no pusieron ni un peso para la misma.

Más allá de los errores en su ejecución que llevaron a rehacer parcial o totalmente de dicha obra -al menos tres veces-, cambiando adoquinado peatonal por hormigón para circulación vehicular, y luego volver a romper por distintos problemas la calle o la vereda.

El intendente aseguró que a los barilochenses no les costaba nada, ya que lo pagaba la provincia o la nación, pero olvida que nosotros también somos parte de las mismas y lo cubrimos con nuestros impuestos.

El caos vehicular consideramos que es por la falta de descentralización de servicios como la salud, educación, el bancario, etc.

Dicha oferta está concentrada en un 90% dentro de unas pocas manzanas del área céntrica, y lleva diariamente a embotellamientos -más aún en horas pico- y demoras en el tránsito.

Esto se produce mayormente en momentos de salida e ingreso de estudiantes, con padres que llevan sus hijos e hijas en su coche particular, debido a que tanto trabajadores como estudiantes tienen un pésimo servicio de transporte público hace años, que, aún con los aumentos que se venían aplicando hasta el período de pandemia nunca funcionó adecuadamente.

La falta de creatividad local para resolver esta problemática, en las formas de obtener fondos, por otros medios que no sean el aumento del boleto o la subvención de nación.

Tampoco se ha tendido a considerar otras alternativas, como, la posibilidad de cooperativas de choferes, abriendo el abanico a otras ofertas de transportes pues está monopolizada por una sola empresa, y ni hablar de pensar en un posible ente regional que incluya Dina Huapi, que hoy funciona en muchos casos como ciudad dormitorio para algunos trabajadores de Bariloche.

Ni se ha planteado seriamente la posibilidad de una municipalización del transporte público, o de incluir la participación de usuarios y choferes como una asociación.

A la luz del mal funcionamiento actual del servicio privado de transporte de pasajeros, tal vez sea hora de considerar otras alternativas.

La atención puesta por provincia y municipio en facilitar las cosas a grandes inversores, como fueron los casos del Cerro Catedral, Campanario, o el Puerto San Carlos, con las costas frente al Centro Cívico, entre otros casos que están en tierras públicas o no privadas, es un claro reflejo de qué intereses defienden desde el poder político.

Existen en paralelo muchos grupos sociales, juntas vecinales y habitantes que individualmente concurrimos y reclamamos localmente por un mejor gobierno local y provincial, donde se reclama la posibilidad de mayor participación vinculante en las tomas de las decisiones a nivel municipal principalmente, ya que luego son los vecinos quienes sufren y pagan de sus bolsillos las consecuencias.

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