OPINIÓN
El pliego del vertedero: una solución realista y abierta a la innovación para el basural de Bariloche
El pliego de licitación enviado por el intendente Walter Cortés representa una solución realista, responsable y urgente para uno de los problemas ambientales más graves que enfrenta Bariloche desde hace décadas: el basurero a cielo abierto. Lejos de ser un “parche” o una prolongación indefinida del problema, el proyecto propone un cambio concreto de metodología: la construcción de celdas impermeabilizadas de relleno sanitario, la operación profesionalizada del servicio por un concesionario privado y el cierre progresivo del actual basural, con un horizonte de 10 años y la posibilidad de rescisión anticipada por parte del municipio.
El pliego otorga 40 puntos sobre 100 a la oferta técnica ambiental para las propuestas que sigan el modelo de relleno sanitario con celdas impermeabilizadas. Este puntaje premia la calidad del proyecto de construcción de módulos controlados, la operación profesional, el tratamiento previo de residuos, la mitigación de impactos y el plan de cierre progresivo del actual vertedero.
Al mismo tiempo, el pliego habilita expresamente la presentación de propuestas alternativas a la disposición final tradicional (relleno sanitario). Las empresas pueden ofrecer soluciones de mayor valorización, tratamiento integral, economía circular o cualquier otra tecnología innovadora, siempre que demuestren viabilidad técnica, ambiental y económica.

De esta manera, el municipio no impone una única tecnología: busca un concesionario que se haga cargo integralmente de la operación —construcción, disposición controlada, clausura progresiva y mitigación de impactos— durante un plazo inicial de 10 años (prorrogable), pero deja en manos de las empresas la libertad de presentar sus mejores soluciones, ya sea de manera individual o en Unión Transitoria de Empresas (UTE). Cualquier firma o consorcio que cuente con una opción superior puede competir en igualdad de condiciones.
Además, el pliego prevé expresamente la rescisión anticipada del contrato por parte del municipio después de los primeros 5 años, en caso de que se logre un consenso para implementar un vertedero regional en otra ubicación.
Esto garantiza flexibilidad y evita compromisos eternos, permitiendo avanzar hacia soluciones de mayor escala cuando sea posible.
Esta iniciativa no cierra la puerta a ninguna tecnología ni ignora las innovaciones disponibles. El mecanismo de selección, con su fuerte ponderación ambiental, premia precisamente las propuestas que incorporen las mejores prácticas y las soluciones más sustentables, sean del modelo de relleno o alternativas superiores.
Las críticas desde una fundación que organizó jornadas donde se presentaron diversas tecnologías para transformar residuos en energía o nuevos productos, resultan infundadas cuando exigen “adaptar el pliego” para hacer elegible alguna de esas propuestas específicas. El rol de una fundación es valioso para generar debate y visibilizar alternativas, pero no corresponde que pretenda rediseñar desde afuera los términos de una licitación pública municipal.
El pliego no discrimina tecnologías: evalúa resultados y calidad ambiental. Si alguna de las soluciones presentadas en las jornadas es técnicamente viable, económicamente sostenible y superior, nada impide que las empresas que las representan se presenten solas o en UTE, propongan su alternativa y compitan por los 40 puntos. Exigir que el municipio modifique las bases para “garantizar” la elegibilidad de una u otra tecnología equivale a pedir que el Estado diseñe el pliego a medida de intereses particulares en lugar de priorizar el interés general: resolver el problema con la mayor seriedad posible en el menor tiempo viable.
Bariloche no puede permitirse seguir postergando una solución mientras acumula críticas y pasivos ambientales. El basural actual genera lixiviados que contaminan el suelo y el agua, gases de efecto invernadero, olores, vectores y riesgos sanitarios diarios para miles de vecinos. El pliego que envió el Intendente ofrece impermeabilización, control de emisiones, operación profesional, habilitación de propuestas alternativas (relleno o superior) y un camino ordenado hacia el cierre definitivo, con la posibilidad de rescisión si surge un vertedero regional. Es una obra y un servicio de magnitud (alrededor de 45.000 millones de pesos), pero financiado con recursos municipales y ejecutado por un privado especializado.
Pretender que una licitación de esta envergadura se convierta en un laboratorio experimental de todas las tecnologías presentadas en un encuentro es ingenuo e irresponsable. La realidad impone plazos, presupuestos acotados y garantías de ejecución. El municipio no está vetando la innovación: está abriendo la competencia para que quien ofrezca la mejor combinación de viabilidad técnica, ambiental y económica —sea la propuesta de relleno o una alternativa superior— se lleve el contrato.
Defender el pliego no es resistirse al progreso tecnológico; es rechazar el inmovilismo disfrazado de maximalismo ambiental. Mientras algunos exigen perfección inmediata, Walter Cortés propone avanzar con lo posible y lo probado, sin renunciar a que las ofertas más innovadoras puedan ganar si realmente son mejores.
Bariloche necesita dejar de tener un vertedero a cielo abierto lo antes posible. El pliego enviado por el ejecutivo es, hoy por hoy, la herramienta más concreta, realista, flexible y abierta a la innovación para lograrlo. Apoyarlo es priorizar resultados sobre discursos.
Agustín Domingo
Asesor Municipalidad MSCB