2026-08-11

OPINIÓN

Gilda Santarsiero: “Mi mamá merecía terminar sus días rodeada de cuidado y dignidad”

Tras la muerte de su madre, Norma De Piro, la trabajadora de la CNEA y de Intecnus plantea una reflexión sobre la atención sanitaria en Bariloche y reclama reabrir una discusión sobre el futuro de los servicios de Internación y Quirófano de la institución.

El jueves 6 de agosto se cumplieron 52 años desde que mi mamá, Norma, puso el cuerpo para que yo diera mi primer respiro. Ocho días atrás, yo puse el mío a su lado para acompañarla a dar el último.

¿Fue trágico? No. Es natural que los hijos sobrevivamos a nuestros padres.

Lo que fue trágico, doloroso e inhumano, desde mi experiencia, fue el entorno en el que mi mamá, a los 82 años, tuvo que atravesar sus últimos días: un sistema de salud que sentí colapsado, en el que los profesionales hacen enormes esfuerzos con recursos que muchas veces resultan insuficientes.

Norma pasó sus últimos 26 días internada en una institución médica ubicada en el centro de Bariloche, que atiende a afiliados de PAMI que requieren internación en la ciudad.

Durante esos días, según lo que viví como hija:

• Durmió en un depósito de insumos médicos mientras esperaba una habitación.

• Usó una cama con sábanas y abrigo que tuve que llevar desde mi casa por faltantes de estos elementos.

• Ingresó por una afección vesicular y posteriormente sufrió un ACV isquémico, según el diagnóstico que recibimos, en una habitación común y sin monitoreo.

• Tuve que aprender a rotarla y a cambiarle los pañales porque el personal de enfermería no daba abasto.

• Tuve que aprender a esquivar jeringas olvidadas entre las sábanas para poder abrazarla.

• Tuvimos que contratar enfermería privada durante la noche por temor a que quedara desatendida.

Seis horas antes de su muerte, el viernes 31 de julio, tuve que golpear la puerta de la Sala de Médicos porque mi mamá llevaba horas ahogándose y yo sentía que no estábamos recibiendo la respuesta asistencial que necesitábamos.

La abracé y le pedí perdón por no tener otra opción en la ciudad y por haberla llevado a ese lugar.

Y casi tan ahogada como ella, pero en mi propia angustia, le juré que iba a ser la guardiana de su dignidad.

Mi mamá era afiliada de PAMI.

En 2023, a causa de un tumor renal, fue intervenida con éxito en Fundación Intecnus, institución en la que trabajo orgullosamente como agente de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), organismo al que pertenezco desde 2008.

Allí recibió, desde mi experiencia, una atención impecable, gracias a un Servicio de Internación y Quirófano que considero de excelencia y a un equipo humano y médico brillante.

Por eso, cuando el pasado 5 de julio mi mamá volvió a necesitar una internación, me dolió profundamente saber que Intecnus ya no era una opción. El Servicio de Internación y Quirófano había sido cerrado.

Y es justamente desde ese lugar —como hija, como ciudadana y también como trabajadora de la institución— que siento la necesidad de expresarme.

En abril de este año se informó que Intecnus estaba trabajando para restablecer el servicio a la brevedad posible.

Públicamente, las autoridades de ese momento sostuvieron que a la situación financiera de la empresa que manejaba el Servicio se sumaba la falta de presupuesto por parte de la CNEA, y que a eso también se debía el cierre.

Me permito manifestar que no estoy de acuerdo con la afirmación de que la CNEA haya desfinanciado a Intecnus hasta obligar al cierre de estas áreas. Durante los últimos dos años, el Estado Nacional continuó realizando inversiones en infraestructura, aulas y actualización tecnológica.

Por eso, entiendo que el cierre de Quirófano e Internación fue una decisión de gestión que merece ser discutida mucho más profundamente que desde una simple ecuación de viabilidad económica.

Porque no estamos hablando solamente de camas, quirófanos o metros cuadrados. Estamos hablando de un proyecto sanitario pensado para Bariloche y la región. Y, especialmente, estamos hablando de pacientes.

Por citar un área troncal, uno de los principales campos de atención oncológica de Intecnus es el cáncer de mama, el tumor más frecuente en las mujeres. Muchas mujeres diagnosticadas a tiempo pueden salvar sus vidas gracias a un abordaje que incluye diagnóstico, evaluación interdisciplinaria, cirugía y otros tratamientos.

Para eso se necesitan mastólogos y cirujanos como los que tiene Intecnus. Se necesita una Unidad de Mastología acreditada por sociedades médicas de prestigio —la Unidad de Intecnus obtuvo esa acreditación luego de tres años de trabajo, integrando una selecta veintena de unidades acreditadas en el país— y se necesita también infraestructura que permita completar ese proceso: Quirófano e Internación.

Por eso, a mi entender, la discusión no debería reducirse a “Internación y Quirófano sí” o “Internación y Quirófano no”.

La verdadera discusión es otra:

¿Queremos un abordaje integral del paciente oncológico? ¿Sí o no?

Intecnus fue creada para administrar y operar el Centro Integral de Medicina Nuclear y Radioterapia de Bariloche. E “integral” significa, entre otras cosas, que el paciente pueda transitar la mayor parte posible de su camino dentro de una misma institución, con procesos de diagnóstico y tratamiento coordinados, sincronizados e interdisciplinarios.

Entiendo que toda institución debe tomar decisiones y administrar responsablemente sus recursos. Pero también creo que algunas decisiones deben ser revisadas a la luz de aquello para lo que una institución fue creada y, sobre todo, de las necesidades de la comunidad a la que debe servir.

Porque ampliar las posibilidades de atención sanitaria no debería ser visto únicamente como un costo. También es una inversión en salud, en infraestructura pública y, fundamentalmente, en dignidad.

Mi mamá no murió por decisión de Intecnus. Quiero ser absolutamente clara en esto. No responsabilizo a sus autoridades por su fallecimiento.

Pero sí me pregunto qué habría sucedido si, cuando mi mamá necesitó nuevamente una internación, hubiese existido en Bariloche una alternativa como aquella en la que había sido atendida con excelencia en 2023 como paciente oncológica.

No puedo responder esa pregunta.

Y justamente por eso no puedo dejar de hacerla.

Lo que sé es que mi mamá merecía atravesar sus últimos días con atención, cuidado y decencia. Y que ninguna familia debería tener que llevar sábanas y abrigo desde su casa, contratar enfermería privada para evitar que un ser querido quede desatendido o golpear desesperadamente una puerta buscando ayuda mientras esa persona se está ahogando.

Más aún cuando en la misma ciudad existe una infraestructura instalada con diez camas, monitores para seguimiento de signos vitales y carros de paro, entre otras capacidades, que actualmente se encuentra cerrada.

Sé también que los trabajadores y los profesionales de la salud que estuvieron junto a mi madre hicieron, en muchos momentos, todo lo que estuvo a su alcance dentro de un sistema desbordado.

Mi crítica no está dirigida a ellos.

Está dirigida a las decisiones que determinan qué servicios de salud existen y cuáles dejan de existir.

Por eso, al ingeniero Gustavo Gennuso, designado recientemente como presidente de Intecnus y vicepresidente de la CNEA, le pido que aplique el liderazgo que él mismo proclama: un liderazgo que escucha, que construye en equipo, que busca consensos y que incorpora las distintas miradas.

Le pido a la conducción institucional que escuche también a la comunidad y a los profesionales que hicieron de Intecnus un referente médico y humano.

Que vuelva a abrirse una discusión profunda, amplia y sincera sobre el futuro de estos servicios.

Y, si de esa discusión surge la necesidad de recuperar el Servicio de Internación y reabrir los Quirófanos, que se tenga el coraje de hacerlo.

Lo pido como ciudadana.

Lo pido como trabajadora de la CNEA.

Lo pido como alguien que cree profundamente en el proyecto que Intecnus representa.

Pero, sobre todo, lo pido como hija de Norma De Piro, una mujer que merecía terminar sus días rodeada de cuidado y dignidad.

Te puede interesar