Pelos al Viento: el grupo que confecciona pelucas oncológicas en Bariloche

El grupo confecciona de manera artesanal pelucas oncológicas con cabello natural y las entrega a personas que atraviesan tratamientos contra el cáncer. En diálogo con Tardes con Voz, Marcia contó cómo nació el proyecto, cómo trabajan las voluntarias y el impacto emocional que puede tener una peluca en quienes transitan ese proceso.
miércoles 09 de septiembre de 2026

Detrás de cada peluca hay horas de trabajo, cabello donado, materiales, costuras hechas a mano y, sobre todo, un grupo de voluntarias que decidió transformar su tiempo en una forma concreta de acompañamiento.

Pelos al Viento nació en Bariloche en 2020 y desde entonces trabaja en la confección artesanal de pelucas oncológicas realizadas con cabello natural, destinadas a mujeres y otras personas que atraviesan tratamientos que provocan la caída del pelo.

En diálogo con Tardes con Voz, por Voz Radio 103.7, Marcia, una de las referentes del grupo, recordó que se incorporó al proyecto después de conocer a Maru, con quien comenzó a trabajar hace seis años.

Las pelucas que confeccionan tienen características especiales. No se trata simplemente de unir mechones de cabello, sino de realizar un proceso pensado para que quien la utilice pueda hacerlo con comodidad y con una apariencia lo más natural posible.

“Nuestras pelucas, además de ser totalmente artesanales, son de pelo natural”, explicó Marcia, quien detalló que en la zona de la coronilla incorporan una tela suave para evitar molestias sobre el cuero cabelludo.

Un proceso que puede llevar semanas

El trabajo comienza desde el momento en que reciben una donación de cabello.

Una de las primeras recomendaciones del grupo es que el pelo llegue atado en una cola y no trenzado, para poder trabajarlo manteniendo sus características naturales.

A partir de allí comienza un proceso denominado escardado, mediante el cual se separan los cabellos más cortos. Luego el pelo pasa por la máquina de coser, donde se realizan distintas costuras hasta formar las denominadas “cortinas”.

Pero esa es apenas la primera etapa.

Para confeccionar la peluca completa se realiza una estructura con cintas elásticas que permiten ajustarla a la cabeza. Sobre esa base, las cortinas de cabello son cosidas una por una, de manera manual.

“Se cosen a mano las cortinas de pelo”, explicó Marcia durante la entrevista.

El proceso completo puede demorar desde una semana hasta un mes, dependiendo de la disponibilidad de cabello, de las cortinas ya preparadas y del tiempo que puedan dedicar las voluntarias.

Actualmente son cinco mujeres las que trabajan de manera activa en la confección.

Marcia explicó además que fueron incorporando nuevas técnicas para mejorar las terminaciones. Una de las más recientes consiste en trabajar parte de la coronilla con crochet, colocando grupos muy pequeños de cabellos para conseguir un resultado más natural.

“Se cosen de a tres pelos a crochet para darle más definición”, contó.

Pelucas pensadas para cada persona

Uno de los aspectos centrales del trabajo es que las pelucas intentan parecerse lo máximo posible al cabello que tenía la persona antes del tratamiento.

Por eso, cuando alguien se contacta con Pelos al Viento, una de las primeras cosas que solicitan es una fotografía previa.

A partir de allí observan el color, el largo y las características del pelo, si era lacio, ondulado o con rulos.

“Pedimos una foto de la paciente de cómo tenía el pelo antes de que se le cayera”, explicó Marcia.

Luego revisan el banco de cabello y las pelucas que tienen disponibles para intentar encontrar una alternativa similar.

Cuando no cuentan inmediatamente con una peluca adecuada, ofrecen otra posibilidad: un casquete, una especie de gorro de microtul que incorpora cortinas de cabello y puede utilizarse debajo de un gorro o turbante.

De esta manera, la persona puede contar con una alternativa mientras se confecciona la peluca definitiva.

El objetivo no es únicamente ofrecer una solución estética.

En muchos casos, quienes llegan al grupo están atravesando uno de los momentos más difíciles del tratamiento: la pérdida del cabello y los cambios en su propia imagen.

“Lo que más afecta es la mirada del otro”

Marcia explicó que para muchas mujeres la caída del pelo tiene un impacto emocional muy fuerte.

En el ámbito familiar o dentro de su círculo más cercano pueden sentirse cómodas sin utilizar ningún elemento, pero la situación cambia cuando tienen que volver a exponerse públicamente.

“La mayoría de las personas que vienen te dicen que les da cosa la mirada del otro”, relató.

La caída del cabello suele producirse además en un momento en que la persona ya se encuentra atravesando tratamientos, medicación, controles médicos y diferentes cambios físicos.

Marcia contó que muchas mujeres describen como traumático encontrarse con grandes cantidades de cabello en la cama o experimentar cómo se desprende durante el baño.

Por eso el acompañamiento muchas veces comienza antes de entregar una peluca.

Hay personas que llegan sin haber perdido completamente el cabello y con dudas acerca de si raparse o esperar. En esas situaciones, además del trabajo artesanal, aparece otro componente del proyecto: la escucha.

El grupo acompaña cada situación de manera personal, conversa con la paciente y procura que las decisiones se tomen respetando sus tiempos.

Para las voluntarias, uno de los momentos más significativos ocurre cuando finalmente una mujer se coloca una peluca y reconoce nuevamente parte de su imagen.

Marcia recordó que algunas reaccionan diciendo: “Me encanta, es igual a lo que yo tenía”.

En otros casos, el agradecimiento llega después mediante un mensaje.

“Se van de acá y te llega un mensajito: ‘Gracias por lo que hacen, estoy re feliz’. Todo eso es hermoso”, contó.

Cinco voluntarias y un trabajo que todavía no tiene sede

El proyecto funciona íntegramente de manera voluntaria.

Las integrantes combinan la tarea con sus propios trabajos, sus casas y sus familias. Aun así, dedican varias horas a separar cabello, coser cortinas, preparar estructuras y ensamblar cada peluca.

Marcia destacó especialmente el compromiso de las voluntarias que se sumaron después de una capacitación realizada el año pasado en el Hospital Zonal Bariloche.

Con el paso del tiempo, algunas personas dejaron de participar y otras continuaron. Finalmente quedó consolidado un grupo de cinco voluntarias que actualmente sostiene buena parte del trabajo.

Una de las dificultades es que Pelos al Viento todavía no cuenta con un espacio propio.

El banco de cabello, las pelucas confeccionadas y los materiales se encuentran actualmente en el domicilio de Marcia, donde también recibe a quienes necesitan una peluca.

Allí se realizan las pruebas, se muestran las diferentes alternativas y se evalúa qué opción puede adaptarse mejor a cada persona.

Marcia reconoció que muchas veces ella aparece como la cara visible del proyecto, pero remarcó que detrás existe un trabajo silencioso de las otras voluntarias.

“Cada una tiene su trabajo, su casa, sus hijos. Igual le dedican tiempo, les encanta”, expresó.

Para ella, uno de los mayores deseos es que todas puedan experimentar también ese encuentro con quienes reciben las pelucas.

“Estar frente a una persona y que te agradezca es hermoso”, señaló.

Cómo colaborar

Pelos al Viento mantiene abiertas sus puertas para quienes quieran sumarse como voluntarios.

Según explicó Marcia, no hacen falta conocimientos previos específicos. La tarea puede aprenderse y lo principal es contar con dos condiciones: ganas y compromiso.

El grupo trabaja sin fines de lucro y los materiales necesarios para fabricar las pelucas suelen ser adquiridos por las propias integrantes.

Entre ellos utilizan elásticos, cintas, hilos y otros elementos vinculados con la costura y el armado.

Muchas veces las propias pacientes preguntan cómo pueden ayudar y terminan colaborando con alguno de esos insumos.

“Traeme una cinta, un rollo de hilo que necesito. Esa es la retribución que tenemos con las pacientes y que nos permite seguir trabajando”, explicó.

También continúa siendo fundamental la donación de cabello, materia prima indispensable para sostener el proyecto y ampliar el banco disponible.

Aunque el proyecto nació y se desarrolla en Bariloche, su alcance ya comenzó a extenderse hacia otras localidades de la región.

Marcia contó que han recibido personas de Comallo y que también entregaron pelucas destinadas a El Bolsón y Villa La Angostura.

La difusión permitió que cada vez más personas conozcan la existencia de esta alternativa y puedan acercarse cuando la necesitan.

“Tenemos gente de todos lados”, destacó.

La tarea de Pelos al Viento combina trabajo artesanal, solidaridad y acompañamiento en un momento especialmente sensible.

Una peluca puede parecer, a simple vista, un elemento vinculado únicamente con la estética. Pero para alguien que atraviesa un tratamiento oncológico puede significar recuperar parte de su imagen, sentirse más cómoda para salir nuevamente a la calle o simplemente afrontar de otra manera una etapa difícil.

Y detrás de cada una de esas pelucas hay un grupo de voluntarias que cose, clasifica, prueba y acompaña, muchas veces durante semanas, hasta lograr que alguien vuelva a mirarse al espejo y pueda reconocerse un poco más.

También puede ir con un título más directo: “Pelos al Viento: pelucas oncológicas hechas a mano para acompañar” o “Una peluca, mucho más que cabello: el trabajo solidario de Pelos al Viento”. (Bariloche Opina)

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